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martes, 26 de octubre de 2010

John y el monstruo cabezón



JOHN Y EL MONSTRUO

CABEZÓN


Como todo el mundo sabe los monstruos no existen, o por lo menos eso es lo que nos dicen nuestros padres, ellos alomejor mienten y nos quieren hacer creer eso para no pasar miedo y si los monstruos existen, me gustaría ver uno para jugar con él un partido de fútbol, como se caracterizan gordos pues es fácil ganarle en el sprint y marcar un gol, pero tenerlo delante ya es otra cosa y eso asustaría bastante pero a lo que iba.

John era un niño de 13 años a punto de cumplir los 14 y era un apasionado de los monstruos, extraterrestres y cosas de esas, en la escuela se reían de él y aunque se rieran el quería vengarse consiguiendo un monstruo que les asuste y así dejaría de ser el “flipaillo” de la clase.

Un día de verano, ya habían acabado las clases y John se sentía más aliviado de que no se rieran de él.

Cuando nos vamos a dormir y nos quedamos como marmotas John siempre piensa que vamos a otro mundo en el que nosotros vamos a nuestro verdadero mundo y que mientras no nos dormimos, es decir, cuando vivimos en realidad, todo esto es mentira que es cosa de los monstruos que nos atrapan en un sueño eterno que nunca podemos despertar y dice que sólo podemos despertar si conseguimos vencer al monstruo rey que se encontraba en las nubes.

Cuando un día John decide no dormir en toda la noche, y ver si él estaba en lo cierto, y... bueno, no estaba en lo cierto, pero lo que si es verdad es que vio sombras extrañas en la terraza, se acercó a verlas, pero cuando se dio cuenta ya no estaba y cuando se volvía, miraba de reojo y las volvía a ver, se hizo el dormido y... bueno, se durmió del todo y cuando despertó vio enfrente suya una cabeza de grande como tres balones de baloncesto, al principio se asustó, luego también se asustó y al final se asustó todavía más al ver su cara, e intentó llamar a su mamá pero no resultó nada, el monstruo le miró fijamente y se fue como había llegado, desapareció entre el viento, John se quedó un poco sorprendido al haber vivido una situación tan desagradable y en el suelo se podía leer algo:

Tus padres se fueron en un sueño eterno junto con tu familia y tus amigos malditos y tú...

Total que así quedo la cosa y John no sabía qué hacer, primero no vio a sus padres, luego llamó a su tita y tampoco cogía el teléfono, el estaba despistado, no sabía que hacer ante esta situación agónica que le había hecho pasar, y eso de mis amigos malditos... no lo entendió del todo bien, ya eran malditos para él, ¿más malditos todavía? Pues vaya que mala suerte total que esta situación no la había vivido nunca antes.

El monstruo llamado Stin estaba en el cuarto de reunión, había salido la prueba tal y como la habían planeado, pero no se decidían lo que hacer con John y sus amigos, porque para que sufra John tenían que dejar a sus amigos y si no los dejaban el se quedaba más contento que unas pascuas. Stin pensó en hacer una cosa para alegrar al chico, Stin pensó un poco y rectificó, decidió que como ni sus padres ni sus compas creían lo de los monstruos. ¿porque tenían que hacer el mal para el? Lo que estaba claro que él no estaba contento de lo que había hecho.

Stin apareció de nuevo ante John y bueno, John le metió un puñetazo en la cabeza y se hizo más daño que Stin. Sus amigos estaban en su puerta todos, Stin le dio la oportunidad de salvar a sus padres a cambio de esclavizar a uno de sus amigos y aceptó tan rápido como la voz le salió del cuerpo y dicho y hecho.

Y aunque no consiguió que lo creyeran, al menos uno se enteró y no le dio tiempo a contarlo, John se quedo satisfecho, vivió feliz y al día siguiente comió cocido (aunque eso no le hizo muy feliz).

1 comentario:

  1. ¡Me encantó este cuento! Es una historia original, incluido el final. Muy buena idea terminar con un cocido ¿quién se lo iba a decir a un niño llamado John?

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